domingo, 7 de junio de 2015

NUESTRA CHICA DE OJOS GRISES

Hola a todos.
No podía despedirme definitivamente de este fanfic sin hablaros de ella. Nuestra chica de ojos grises llamada Stella...
He escogido para ponerle cara a la actriz Julia Sawalha. Muchos la recordaréis por haber interpretado a Lydia Bennet en la miniserie Orgullo y prejuicio (cumple 20 años la miniserie este año ¡y Colin Firth se sale como Darcy!).
Considero que no podría existir mejor Stella que ella. Tiene el cabello de color oscuro, como ella. Y considero que sus ojos podrían ser de color gris. Como los ojos de Stella...
¿Vosotros qué pensáis? ¿Podría ser una buena Stella?

sábado, 6 de junio de 2015

UN CUENTO SOBRE UNA JOVEN LLAMADA STELLA

Hola a todos.
El cuento que quiero compartir en este blog no tiene título.
Trata de una joven llamada Stella (lo reconozco. ¡Me encanta ese nombre! Y es una pena que el número de protagonistas femeninas llamadas así sea escasísimo). Y la acción transcurre a principios del siglo XIX.
¡Veamos qué le ocurre!

ISLA DE NAG’S HEAD, EN EL RÍO TÁMESIS, CONDADO DE ABINGDON, 1800

            Soy lady Stella Carlson.
            Mi padre es el vizconde de Wicker.
            Hace pocos meses, me convertí en la esposa de lord Edmund Fairchild, conde de Shield. A veces, tengo la sensación de que no me correspondía a mí ser la esposa de Edmund. Ese honor le pertenecía a mi amiga Celie March . Sin embargo, Celie falleció el año pasado. Una neumonía fulminante acabó con su vida en el plazo de una semana. Yo fui a verla el día antes de su muerte.
-El deseo de mi padre era verme convertida en la esposa de lord Edmund-me contó con apenas un hilo de voz. 
            Me senté a su lado en la cama mientras luchaba por no echarme a llorar. La idea de que mi mejor amiga fuera a morir me destrozaba. Sin embargo, no estaba en absoluto preparada para lo que me iba a pedir.
-Mi compromiso con sir Edmund iba a ser anunciado a lo largo de esta semana-prosiguió Celie.
            No quería que siguiera hablando porque iba a cansarse.
            Pero Celie me ignoró. Necesitaba pedirme un favor.
-Quiero que te cases con lord Edmund-me pidió mirándome de manera suplicante.
-Debe de haberte subido todavía más la fiebre porque estás delirando-repliqué atónita-¡No sabes lo que dices! Además, sir Edmund se va a casar contigo.
-He visto cómo te mira. Le gustas mucho, Stella.
-¡No te vas a morir!
            Sin embargo, ella insistió. Me arrancó la promesa de que me casaría con lord Edmund.
-Es el hombre que puede hacerte realmente feliz-me aseguró.
            Tuve que ceder. Al día siguiente, Celie expiró.
            La muerte de mi mejor amiga me destrozó. Pasé muchos días llorando. No terminaba de asumir que Celie se había ido para siempre.
            Edmund empezó a cortejarme al mes siguiente de la muerte de Celie.
            Venía mucho a mi casa. Me traía regalos.
            Me habló de la casa que tiene en la isla de Andersey. Me dijo que no le gustaba nada vivir en Londres.
            Yo deseaba para mí algo similar a lo que había leído. Deseaba un matrimonio por amor. Desde que llegamos a la adolescencia, Celie y yo habíamos compartido la misma ilusión. Nos casaríamos por amor. Celie era la menor de tres hermanas. Yo, por desgracia, soy hija única.
            Confieso que lord Edmund me atrajo cuando nos presentaron.
            Pero él ya estaba cortejando a Celie. No podía fijarme en él. Además, mi amiga se había hecho a la idea de que se iban a casar.
            Al principio, me parecía un noble un tanto estirado. Venía a verme y me leía en voz alta poemas que él mismo había escrito. Yo aceptaba los ramos de flores que él me regalaba. A veces, me obligaba mi madre a interpretar una pieza con el arpa para distraerle. Poco a poco, empecé a encontrar interesante su conversación.
            Era un hombre bastante culto. Me gustaba hablar con él cuando salíamos a pasear. Mi dama de compañía hacía las veces de carabina. Yo tenía la sensación de que Edmund prefería estar a solas conmigo.
            Yo le confesé a Edmund que quería quedarme aquí, en esta isla. Él lo vio bien.
            A fecha de hoy, todavía seguimos aquí. No sé cuándo nos iremos a vivir a Andersey.
            Pero, de momento, es mejor que sigamos aquí. He pasado toda mi vida en esta isla. No me veo a mí misma viviendo lejos. No podría.
            Cuando salíamos a dar un paseo, hablábamos de libros. Empezó a prestarme libros. Y yo me sorprendía a mí misma esperando el momento en el que le vería de nuevo para contarle lo que me había parecido. Edmund me escuchaba con atención. Mi opinión le importaba mucho.
            Entonces, sólo me besaba en la mano a modo de saludo.
            La primera vez que Edmund me besó fue durante un descuido de nuestra carabina, cuando me llevó detrás de un árbol y me besó con tanta pasión que yo pensé que me iba a desmayar.
            Desde ese momento, todos los besos que me dio Edmund hicieron arder mi cuerpo hasta el punto de pensar que había fuego. Fuego en interior…Fuego en mi ropa…
            Me besaba y yo tenía la sensación de que parecía querer beber de mí. No se saciaba. No parecía saciarse nunca de mí.
            Todas las noches, viene a mi habitación. No quiere que durmamos en habitaciones separadas.
            Los besos que me da cuando se mete en mi cama son largos y apasionados. Yo intento devolverle todos los besos que me da con el mismo ardor.
            Él me ha convertido en una desconocida. Yo no puedo ser así.
            Cuando llena mi cara de besos. Cuando mordisquea el lóbulo de mi oreja. Yo no puedo pensar en otra cosa que no sea cuando me besa en los hombros. O cuando succiona mis pezones. Las caricias que me brindan sus manos están destinadas a volverme loca. O, además, cuando su boca toca mi cuerpo. Todo se nubla en mi cabeza. No siento nada que no sea su cercanía.
            O cuando me besa en el cuello.
            ¿Es normal que una dama desee a su marido?
            Le siento por todas partes.
            Le siento a mi lado.
            Le siento hundirse en mi interior. Fundirse conmigo. Arrastrarme con él en una especie de danza extraña. Pasional…
            Y yo me muevo con él. Me fundo con él.
            Han pasado cinco meses desde que me casé con Edmund. Y puedo decir una cosa. Soy feliz en mi matrimonio. Además, le he dado a Edmund una noticia. Es una noticia que sé que espera desde el mismo día en que nos casamos.
            Estoy embarazada.
            Dentro de siete meses, tendré un hijo. A Edmund no le importa que sea niño o que sea niña.

            Yo sólo espero que mi bebé esté sano. Lo demás no me preocupa.

 

FIN

viernes, 5 de junio de 2015

AÑADIDO AL EPÍLOGO DE "LA CHICA DE LOS OJOS GRISES"

Hola a todos.
Lo que traigo hoy es un añadido al epílogo La chica de los ojos grises. 
Deseo de corazón que sea de vuestro agrado.
Si os fijáis bien, aquí enlaza un poco con Olivia y Jai. 

                                 Un hijo vino a colmar de dicha el matrimonio entre Edmund y Stella.
                                 Habían pasado dos años desde que la pareja contrajo matrimonio. Para entonces, Samantha llevaba algún tiempo en Londres viviendo.
                                  Samantha y su marido, mister Halliwell, optaron por irse a vivir allí. Para Stella, fue muy duro tener que separarse de su mejor amiga. Quería pensar que iba a estar bien.
                                  Sin embargo, la felicidad la embargaba. Había tenido un precioso niño, fruto de su matrimonio con Edmund. Decidieron llamar al pequeño Joshua. Pero le llamaban Josh, para acortar. Edmund tenía grandes planes de futuro para su hijo. Incluso, había comentado la posibilidad de regresar a Londres. El niño debía de empezar a formarse para ocupar el lugar que le correspondía al frente de la Templewood & Ransome Company.
                               Stella seguía siendo una hermosa joven. Sus ojos de color gris brillaban con alegría al mirar a su hijo. Además, había recibido una carta de Samantha donde le informaba que había dado a luz a una niña fruto de su matrimonio con mister Halliwell, a la que habían llamado Bridget.
                             Edmund seguía deleitándose al oler el perfume embriagador de Stella.
                             Al tomarla entre sus brazos noche tras noche. Al besarla con ardor al meterse con ella en el lecho. Al corresponder ella a cada uno de los besos que él le daba. Seguía deleitándose al saborear su piel con los labios. Al besar su cuello. Al succionar sus pezones.
                             Al perderse entre los muslos blancos de Stella. Al sentir cómo las esbeltas piernas de la joven rodeaban sus caderas. Al invadir el interior de su cuerpo.
                             Es amor, pensaba Edmund con arrobo. Es el verdadero amor.



                              Quiero pasar el resto de mi vida con ella. Que veamos crecer juntos a nuestro pequeño Josh. Quiero ser digno de Stella. Sentir que la hago realmente feliz.

jueves, 4 de junio de 2015

AÑADIDO A "LA CHICA DE LOS OJOS GRISES"

Hola a todos.
Aquí os traigo mi último añadido a mi fanfic La chica de los ojos grises. 
Veamos qué va a pasar entre Stella y Edmund.
Un millón de gracias por haber leído esta historia y espero de verdad que os haya gustado.
Me ha gustado escribirla. Me ha encantado poder daros a conocer a Edmund y a Stella. El haberos permitido conocer otro lugar (una isla fluvial en La India). Y, sobre todo, ¡adoro la época de principios del siglo XX!
¡Un millón de gracias!

                               El ritual de jugar al ajedrez en casa de los vizcondes tenía ahora otro sentido. Stella lo sabía bien.
-Tienes que vigilar a la Reina porque estoy a punto de hacerte jaque-le indicó a Edmund-Me encanta este juego. ¿Sabías que tiene un origen hindú? Me enteré leyendo un libro.
-El caballo no va así-le recordó su prometido-Y yo también lo sé. Me gusta mucho leer. Quiero saber muchas cosas.
                              Normalmente, Stella y Edmund eran buenos jugadores de ajedrez. A veces, ganaba ella. Otras veces, ganaba él. Siempre estaban a la par.
                              Pero esa tarde lo estaban haciendo mal. Muy mal...
-Voy a hacerte jaque, Edmund-le indicó Stella con insistencia-Ten cuidado. Estoy en racha. Te he ganado dos partidas seguidas. ¡Y no me digas que te dejas ganar! Eso no me lo creo.
                             Se echó a reír. Edmund acabó descentrado. ¿Por qué Stella tenía una risa tan agradable?
-Y yo te digo que el alfil no se mueve así-replicó Edmund alterado.
-¡Voy a hacerte jaque mate y no lo podrás evitar!-se rió Stella.
                             Edmund trató de centrarse en la partida.
                              Al cabo de unos minutos más de partida, una voz alegre y femenina se oyó por toda la isla. Tenía un sonido triunfal. De euforia...
                              Lo había conseguido. Había ganado.
-¡Jaque mate!-trinó alegre Stella.
-¡Maldición!-exclamó Edmund-¡Me has ganado!
-¡Te lo dije!
                                Stella sonrió risueña.
                               Edmund se inclinó sobre la mesa y besó con tanto ardor a Stella que tiró todas las figuras del tablero.
-¡Cuidado!-se sobresaltó la chica.
                               Se apartaron rápidamente cuando la vizcondesa entró en el salón y miró con extrañeza a su hija y su futuro yerno, que se pusieron a recoger las figuras del suelo. A Stella le temblaban las manos. No se reconocía así misma en su comportamiento.
-Se nos han caído-se excusó la joven.
-Tened cuidado-les rogó la vizcondesa-Son figuras muy caras.

miércoles, 3 de junio de 2015

AÑADIDO A "LA CHICA DE LOS OJOS GRISES"

Hola a todos.
Me quedan dos añadidos que hacerle a mi fanfic La chica de los ojos grises. 
Aquí os dejo con el penúltimo de ello, centrado en Stella y en Edmund.
Espero de corazón que os guste.

                                  Edmund acompañó a los vizcondes en una Misa de aniversario. Hacía unos tres años que había muerto la abuela materna de Stella. Durante la Misa, Edmund se sentó al lado de Stella en el banco. La joven agradeció su cercanía. Había estado muy unida a su abuela. La echaba mucho de menos.
                              Su muerte, a raíz de un problema de páncreas, la había destrozado.
-Eres un buen hombre, Edmund-le dijo a su prometido cuando llegó la hora de darse la paz-Me alegro de haberte conocido.
                               Vio a su madre hablando con la madre de Samantha y de Maude. Lo mismo hacían los padres de las tres jóvenes. La gente se buscaba en la pequeña Iglesia para darse la paz. Los padres de Maude prácticamente la habían sacado a la fuerza de casa. Stella se sorprendió al ver lo deteriorada que estaba.
                               Stella tenía los ojos llenos de lágrimas.
                               Edmund acarició las mejillas de la joven con las manos, logrando que Stella no llorase. La besó de manera fraternal.
                                Como si fuesen hermanos.
-Me habría gustado haber conocido a tu abuela, Stella-le aseguró Edmund-Nos habríamos llevado bien.
-Habrías sido como un nieto para ella-auguró la aludida.
                             Maude se acercó tímidamente a Edmund.
                             Era la primera vez que le veía desde que él la rechazó. Sabía que él sólo tenía ojos para Stella. Lo notó en cuánto se acercó a ellos. Amaba sinceramente a aquella joven.
-Me alegro de que la quieras-le dijo a Edmund-Sólo espero que te haga feliz.
-Es imposible que alguien como Stella no me haga feliz-replicó el joven.
-Yo siempre te amaré.

martes, 2 de junio de 2015

AÑADIDO A "LA CHICA DE LOS OJOS GRISES"

Hola a todos.
Aquí os traigo un nuevo añadido a mi fanfic La chica de los ojos grises. 
En esta ocasión, representa un recuerdo de Samantha. Su relación con Gabriel, su difunto prometido, no era tan perfecta como Stella creía.

                              Estaban sentados en el sofá del saloncito de la casa de Samantha. Gabriel bebió un sorbo de su taza de té con limón.
                              Era la hora del té. Samantha recordaría más adelante lo mucho que le gustaba a su prometido el té con limón. Ella, en cambio, removía su taza de té con nerviosismo.
                               Había algo que no estaba bien aquella tarde.
-Está bueno-comentó Gabriel-Debería de haberle echado unas gotitas de leche.
-Hoy no me has besado-le recriminó Samantha.
                              Gabriel se puso rojo al tiempo que su prometida tomaba un sorbo de su taza de té, al que le había añadido unas gotitas de leche.
-Lo siento-se disculpó-No me he dado cuenta.
-Lo suponía-escupió Samantha.
-No volverá a pasar; te lo prometo.
                                Samantha veía a Gabriel ausente aquella tarde. En aquel momento, no adivinó lo que le pasaba.
-He de viajar al continente-le comunicó a bocajarro.
-¿Adónde?-estuvo a punto de gritar Samantha.
-Me marcho a Dispur.
                           Gabriel le habló de los negocios que le reclamaban en la capital del Estado de Assam.
                           Le prometió que regresaría para la boda. Pero Samantha le recordó que no habían fijado todavía fecha para su enlace. Gabriel le dijo que hablarían cuando regresara. Estaría fuera unos pocos meses.
-Te escribiré con frecuencia-le aseguró-Y espero recibir tus cartas. Te voy a extrañar mucho.

lunes, 1 de junio de 2015

AÑADIDO A "LA CHICA DE LOS OJOS GRISES"

Hola a todos.
Aquí os traigo un nuevo añadido a mi fanfic La chica de los ojos grises. 
Esta vez, está centrado en Edmund y en Stella.

-Tiene un don su hija, milady-le susurró Edmund a lady Carlson-Sus dedos son mágicos.
-Es una magnífica arpista-le susuró lady Carlson a su vez.
-Sí...
                                Edmund estaba sentado en el salón de los vizcondes escuchando un pequeño concierto de arpa que Stella estaba dando.
-Podría estar dando conciertos-comentó Edmund-Es una verdadera virtuosa.
-¡Por Dios!-se escandalizó la vizcondesa.
-¿He dicho algo malo?
-Mi hija es una verdadera dama. No tiene que ganarse la vida rebajándose a ese extremo.
-Lo lamento si la he ofendido, milady.
                            Stella acabó su repertorio de piano tras tocas unas tres o cuatro canciones. Edmund no dejaba de mirarla fijamente. Y ella se había puesto nerviosa.
-¿Qué tal lo he hecho?-le preguntó a su madre.
-¡Lo has hecho maravillosamente bien, querida!-respondió ésta-Tu padre tendría que estar escuchándote.
-Pero está encerrado en su despacho con su secretario.
-Pasa demasiado tiempo entre papeles.
-Lo has hecho muy bien, Stella-dijo Edmund levantándose del sofá.
                            La aludida se tambaleó ligeramente. Trató de contenerse.
                            Edmund se acercó a ella y le dio un beso en la mejilla.
-Gracias...-dijo Stella ruborizándose.