martes, 21 de abril de 2015

AÑADIDO A "LA CHICA DE LOS OJOS GRISES"

Hola a todos.
Aquí os traigo un nuevo añadido a La chica de los ojos grises. 
Son escenas que había pensado en incluir en la historia. Llegué a escribirlas, de hecho. Pero, en el último momento, no las añadí. Sin embargo, he decidido que vean la luz en lugar de tirarlas a la basura.
¡Veamos qué cosa nueva ocurre entre Stella y Edmund!

                                    A Stella le habían dicho en una de las burra khanas a las que solía asistir con sus padres que era una joven elegante. No recordaba quién se lo había dicho. Pero Samantha y Maude habían estado delante y habían fruncido el ceño al escuchar aquellas palabras.
                                Stella solía vestir de blanco o de rosa pastel y en casa de la modista a la que solía acudir, la ayudante de la misma solía decirle a la madre de la joven que era difícil confeccionar corpiños y faldas de la talla de Stella. La chica lo había escuchado. Y se había sentido ofendida. Y, luego, estaba el rumor que corría. Maude estaba interesada en Edmund. ¿Por qué Edmund no se fijaba en Maude?, pensó Stella.
                              Aquella misma mañana, el joven le había escrito una carta en la que le decía que era exquisita.

                                Me atrevo a tutearte en esta carta. Cada día que pasa, falta un día menos para que nos casemos. Para que te conviertas en mi esposa. 
                             ¿No estás contenta? 

                            Stella guardó la carta en el fondo de un cajón de su mesilla de noche porque se sintió incapaz de romperla. No estaba muy segura de lo que estaba haciendo. Casarse con Edmund le parecía un error.
                            Tenía la sensación de que Edmund aún la estaba rodeando con sus brazos y la estaba estrechando contra su cuerpo. Aún sentía sobre sus labios los labios de Edmund.
                            A solas en su habitación, Stella quiso poner en orden sus pensamientos.
                            Edmund se había enamorado de ella. No le cabía la menor duda.
                            ¿O sí tenía dudas con respecto a los sentimientos del joven hacia ella? Maude estaba enamorada de él.
                             La gente lo comentaba. Maude tendría que haberse casado hacía algún tiempo. Stella no quería hacerle daño.
                           Edmund Templewood era un joven de rasgos agradables, apenas un poco más alto que el padre de Stella, con el pelo castaño oscuro y unos alegres ojos del mismo color. Siempre estaba contento y se había convertido en una grata compañía para la joven. Stella debía de ser sincera consigo misma.

                           Edmund cogió a Stella del brazo suavemente.
                           Para la chica fue toda una sorpresa cuando Edmund se presentó en su casa con la excusa de que quería salir a dar un paseo con ella.
                            En un primer momento, pensó en decirle que había cometido un error. Que con quién debía de salir a dar aquel paseo era con Maude, pero, finalmente, no dijo nada.
                            La doncella de Stella les acompañaba. Iba retrasada unos metros.
                            Desde su posición, podía ver la espalda de Stella y de Edmund. Estaban caminando lentamente los tres. Stella era incapaz de mirar al joven a la cara, recordando lo ocurrido hacía tan sólo tres días. Se preguntaba si Edmund estaba tan arrepentido como ella de lo que había pasado.
-Vienes a decirme que lo sientes-dijo Stella-Y no te culpo. Fue un error. Un terrible error...
                          No comía desde hacía días. No dormía desde hacía días.
-Deberías de cortejar a Maude-añadió Stella.
-¿Qué tiene que ver Maude con nosotros?-se extrañó Edmund.
-He oído algunos rumores.
-¿Y qué dicen esos rumores?
-He oído que Maude está enamorada de ti.
-¡Pero si yo apenas la conozco!
-Eso no importa.
-No estoy enamorado de esa joven. Y lo ocurrido entre nosotros yo creo no creo que fuese un error-replicó suavemente Edmund.
                          Stella le miró con horror.
                          Edmund no había dejado de pensar en lo ocurrido días antes con ella. Recordaba vívidamente lo que había experimentado. Su anhelo de poder estar así siempre con Stella.
-Tenía muchas ganas de hacer lo que hicimos-prosiguió Edmund con sinceridad-No estuvo mal. Al menos, no del todo. No hicimos nada malo.
-¿Crees de verdad eso?-le espetó Stella-¿Crees que de verdad no hicimos algo malo? Yo no tengo que dar cuenta de mis actos más que a mis padres. Tú tienes a tus padres. Y tienes también a Maude. Ella te ama.
-Yo no estoy enamorado de esa joven.
-Podrías intentar cortejarla a ella. No quiero ser la causante de su desdicha.
-No eres la causante de ninguna desdicha. Pero no siento nada por Maude. Lo siento.
                          Stella se separó de él. Comenzó a caminar más deprisa. De pronto, le habían entrado unas ganas terribles de regresar a su casa.
                          He de olvidarme de Edmund, pensó con angustia. No pensaré más en él.
                          Edmund acabaría cansándose. Podría romper el compromiso. Entonces, podría fijarse en Maude. Y vería cuán maravillosa era. La dejaría tranquila. En paz...
                          No lo entendía. ¿Por qué se había fijado en ella?

 

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