domingo, 20 de julio de 2014

LA CHICA DE LOS OJOS GRISES

Hola a todos.
Hoy, voy a subir el penúltimo fragmento de mi relato La chica de los ojos grises. 
Vamos a presenciar una conversación bastante interesante entre Stella y Samantha. Una conversación que será interrumpida por una llegada inesperada.
¿Qué pasará?

-No sé qué voy a hacer-se sinceró Stella con Samantha-Me caso en menos de una semana con Edmund. El ajuar de mi boda ya está listo. Cada minuto que pasa, se acerca el gran momento. ¡Mi boda! ¡Me voy a casar! Y mi mente...Mi mente está hecha un lío porque no sé lo que Edmund siente por mí y sólo sé que me he enamorado como una tonta de él. ¿Qué puedo hacer?
                                  Las dos amigas se encontraban sentadas a orillas del río Adyar. Samantha escuchaba con atención lo que le estaba contando su amiga. Llevaba en la mano un chal de Cachemira. Se lo entregó a Stella.
-Recuerdo este chal-dijo la joven-Forma parte de tu ajuar de bodas.
-Mi madre piensa que debo de tener otro ajuar de bodas-le contó Samantha con tristeza-Este chal me lo regaló Gabriel. Quiero que lo tengas tú.
-¡No puedo aceptarlo!
-Te ruego que lo aceptes. Deseo que lo tengas tú. Quédatelo, por favor.
                           Stella cogió el chal. Lo apretó con fuerza contra sí. Sentía sobre su cara la mirada llorosa de Samantha. Le cogió la mano.
-No es demasiado tarde-opinó Stella-Puedes venirte a vivir conmigo y con mis padres. No tienes porqué obedecer a tus padres. Si tan preocupados están porque no tienen nietos, que le busquen un marido a Maude y que a ti te dejen tranquila.
-¡Mis padres han perdido toda la esperanza de casar a Maude!-se lamentó Samantha-Sólo les quedo yo para hacer realidad su sueño de tener un nieto.
-Pero te casan con un completo desconocido.
-Cuando me case con mister Halliwell, le conoceré. Puede que me llegue a enamorar de él.
-¡Eso no te lo crees ni tú! Sigues enamorada de Gabriel.
-Pero Gabriel está muerto. Y yo estoy viva. Y me duele respirar sabiendo que él no está.
                        Samantha luchó contra los sollozos que pugnaban por escaparse de su garganta. Stella sentía que había demasiadas contradicciones en su vida. Se iba a casar con Edmund y se había enamorado de él. Pero Samantha se iba a casar con un completo desconocido. Y estaba convencida de que nunca llegaría a amarle. Su corazón pertenecía a un hombre que estaba muerto. El mar le había devuelto a Samantha el cadáver de Gabriel. Ni siquiera le había dejado anidar la esperanza de que pueda estar vivo. No había pasado. Samantha tuvo que ver muerto al hombre que amaba.
-Deseo de corazón que seas feliz al lado de Edmund, amiga-le dijo Samantha a Stella.
-No sé lo que él siente por mí-admitió la muchacha-Me gustaría saberlo. Ser capaz de hablar con él. Pero no me atrevo. Debes de pensar que soy una cobarde.
                           De pronto, tanto Samantha como Stella se dieron cuenta de que no estaban solas. Edmund se estaba acercando poco a poco a ellas. En realidad, pensó Samantha, con quien quería estar a solas era con Stella. Decidió que era el momento de desaparecer. Dejaría a su mejor amiga a solas con el hombre con el que iba a casarse en menos de una semana.
-¡Disfruta de un rato a solas!-canturreó Samantha.
-¡Quédate!-le pidió Stella, nerviosa.
-Es mejor que te quedes a solas un rato con sir Edmund. No te pongas nerviosa. Te vas a casar con él. Y estás enamorada de él. Os conviene hablar a solas. Los dos...Un rato...Se te esfumarán los nervios de un plumazo. Hazme caso.
-Pero...
                              Samantha no la dejó seguir hablando. Le dio un beso a Stella en la mejilla. Se alejó de su lado. Edmund se acercó a Stella.



-Tenemos que hablar-le dijo Edmund.
-¡Qué locura!-exclamó Stella-Estamos solos.
-Es mejor que estemos solos. Desde que nos entregamos el uno al otro la noche pasada, no hemos vuelto a estar solos. Y necesito hablar a solas contigo.
-¿De qué se trata?

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