lunes, 21 de julio de 2014

LA CHICA DE LOS OJOS GRISES

Hola a todos.
Ya falta menos para que conozcamos el desenlace de esta bonita historia.
Espero que os esté gustando.
A mí, personalmente, me está gustando imaginar la juventud de los abuelos de Jai y de Estelle. Por cierto, Samantha vendría a ser, al casarse con mister Halliwell, la abuela materna de Olivia y de Estelle, al ser madre de Sarah (madre de Olivia) y de lady Bridget (madre de Estelle).
¡Vamos a ver lo que pasa!

                                       Edmund cogió las manos de Stella cuando llegó a su altura y se las besó.
                                      De pronto, las palabras empezaron a brotar de su garganta. Le confesó todo lo que llevaba guardando en el interior de su corazón desde que la vio por primera vez.
-No he dejado de pensar en ti-se sinceró.
-¿Piensas en mí desde que fuiste a ver a mi padre?-inquirió Stella.
                                     Recordaba la visita que Edmund le hizo a lord Carson aquella tarde. Pero Stella no había sabido relacionar ambos hechos. La visita de Edmund a su padre...Su cortejo...Su compromiso...
-Lo único que quería era verte de nuevo-contestó Edmund-Te metiste desde ese momento en mi corazón. Y no quería sacarte de allí. Deseaba estar contigo.
-No lo sabía-admitió Stella.
                                   Un nudo se formó en la garganta de la muchacha. Vio algo raro en los ojos de Edmund al posarse en su cara. Vio una mezcla de adoración y de anhelo en aquellos ojos. Vio amor reflejado en aquellos ojos. Amor hacia ella...
                                   Una sonrisa iluminó el bonito rostro de Stella. Edmund pensó que el Sol se reflejaba en aquellos hermosos ojos de color gris oscuro. Unos ojos que llevaban mucho tiempo persiguiéndole. Que veía en todas partes. Y en los que un hombre podía perderse. Rodeó con los brazos la cintura de Stella.
                                   La atrajo hacia sí.
                                   Ella llenó de besos el rostro de Edmund.
-A mí me pasa lo mismo-admitió.
-Te amo, Stella-le confesó Edmund-Te amo tanto que no sabría vivir sin ti.
-Yo también te amo.
                                 El corazón de Edmund pareció que iba a estallar de dicha.
                                Era un sentimiento que compartía con Stella.
-Juro que te haré la mujer más feliz del mundo-le aseguró-Sólo quiero que seas feliz. Te complaceré en todo.
-Sólo deseo que te quedes a mi lado-le pidió Stella.
-Nunca te abandonaré, amor mío.
                                  Las lágrimas se agolparon en los ojos de Stella. Pero eran lágrimas de felicidad. Sentía que había encontrado el verdadero amor. Y la dicha...
                                   Los dos se fundieron en un beso intenso y largo. Un beso cargado de ternura...De pasión...

 

                                 Dieron un largo paseo por la orilla del río Adyar. Se quedarían a vivir en Quibble. Serían felices.
-Tenemos muchos años de felicidad por delante-afirmó Edmund con seguridad-Y tendremos muchos hijos.
                               Stella se echó a reír. En su fuero interno, se veía así misma teniendo hijos con Edmund.
-Si tenemos un hijo, quiero que se parezca a ti-le dijo con cariño.
-Si tenemos una hija, quiero que se parezca a ti-corroboró Edmund con arrobo.
                               Y así pasaron gran parte de la tarde. Hablando. Jurándose amor eterno. Y trazando planes de futuro.

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